Escrito por Eduardo M Romano el 6 enero, 2014
Están la pura contingencia, el azarr impredecible
y el accidente inesperado…que surgen porque surgen…
y no tienen la necesidad ni la obligación de concordar
con las acostumbradas razones y los fundados motivos.
También están las subjetitivades,con lo suyo propio.
Incluyendo sus diferentes ejes , complejas coordenadas ,
equilibiros y oscilaciones.
Que van de la mano de los Deseos y los Fantasmas.
Cada cual con lo suyo y respetando las fronteras de sus comarcas.
Unas por un lado, otras por el otro. La mayoría de las veces como
en mutua ignorancia.
Sin embargo, algunas veces,se las arreglan para hacerse cómplices
por un rato…si la ocasión se presenta,
y algopropio de uno, se lo deja a mano,como
servido en bandeja…Digo, para que el azar y el imprevisto
hagan nomás lo suyo, pero sólo después que se ha dejado
cierta puerta entreabierta, o más expuesto algún borde.
Pero me parece que en otras ocasiones,
no es conveniente,
porque sería forzar mucho las cosas,
eso de achacarle , sin chistar y sin duda,
todas las peripecias y los incidentes , a motivos inconscientes.
O a una supuesta culpa omnipresente.
Porque lo impredecible y lo incierto, también cuentan mucho
afuera y adentro de cada uno de nosotros.
Están a la vuelta de cada esquina y se trata de fragmentos
y dimensiones que nada tienen que ver con algo de lo íntimo nuestro…que lo convocó , como llamando a la desgracia o a lo funesto,porque se dejó algo librado al descuido.
Esto no siempre pasa. Quiero decir que los accidentes, los incidentes,
los traumas y los accidentes,
ocurrir, ocurren y pasar, pasan.
El azar exsite por su propia cuenta.
Y no cabe llegar al absurdo de explicarlo todo en base a
motivos que están ocultos o apelando en todos los casos y sin excepciones,
a un sentimiento de culpa.
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