Escrito por Eduardo M Romano el 3 agosto, 2015
Aquel instante que tanto había temido,
bien podía no haber sucedido.
Pero fue.
Y ya no había lugar
para ensayar (con cierto grado de coherencia),
la mínima duda al respecto.
Todo lo que siguió
estuvo muy lejos de cuanto había esperado.
En cuanto a lo demás,
ya no pudo volver a ser lo mismo.
Esta vez,
tampoco tenía fuerzas ni ganas de fabricar conjeturas
en modo potencial ,
ni de perderse en hipótesis sin sustento…
..acerca de lo que hubiera podido ser
y de las oportunidades,
que con uno poco más de suerte,
seguro que se le hubieran abierto.
Me refiero a que en ese momento
lo invadió el sentimiento
de que para esa clase de ecuaciones
ya no ,quedaban
espacios ni tiempos.
Me refiero a ésos que nos hacen
dar vueltas y más vueltas
engañosamente sobre lo mismo.
Ya se había dado cuenta
que aquello tan lindo que había comenzado
vivaz y lleno de potencia…
…ya no podía ocurirle.
Por mucho que doliera.
La cita con cierta realidad,
ya había ocurrido.
Esta vez,sin adornos
e inseparable
de su dolorosa contundencia.
Deja una respuesta