Escrito por Eduardo M Romano el 16 agosto, 2014
Con el paso del tiempo,
había aprendido a no hacerle demasiado caso
a esas fugaces vehemencias
ni a esos repentinos entusiasmos,
que acostumbraban de tanto en tanto,
invadirlo.
Le preocupaban más bien los silencios..
..que solían ser el preludio
de sus próximas impasses..
..y el anuncio de que eso que iba
a seguir más adelante,
tendría la forma del repliegue
y la textura del aislamiento.
Unos de acceso imposible
para cualquier otro.
Porque en momentos como esos,
parecería que hay lugar,
sólo para uno.
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