Escrito por Eduardo M Romano el 3 febrero, 2016
En “Análisis terminable e interminable”,
Freud plantea si es posible,
empleando la técnica psicoanalítica,
resolver en forma permanente y definitiva
un conflicto planteado entre una demanda pulsional
que el Yo , influído por la censura,
vive como patógena,
y por lo tanto,
nada quiere saber con ella.
Entonces se apura a responder ,
que una cosa así,
no sólo es imposible sino tampoco deseable.
Enseguida atenúa el interrogante :
y si acaso pudiera plantearse la posibilidad
de “domesticar” a la Pulsión? (Asunto, dicho sea de paso,
tan caro la las psicologias del yo y a la cultura de la medicaliación
de los síntomas).
Esto es,integrar de algún modo a la Pulsión
a la armonía del Yo
y volverla accesible y obediente a todas sus exigencias?
Pues bien, para el Psicoanálisis, esta respuesta es imposible
si no se introduce “una especulación y ciertas teorizaciones”,
ligadas a lo que , vuelve a denominar
nuestra “Bruja “, la Metapsicología.
Freud es muy claro al respecto.
Sin estas conjeturas nos resultaría imposible
dar “otro paso adelante”.
Así y todo, eso que “nuestra Bruja” nos revela,
no es para nada claro,
ni mucho menos detallado.
Si queremos pisar sobre terreno más o menos firme,
disponemos solamente de una pista para empezar :
la distinción crucial
entre los Procesos Primarios y los Secundarios.
Otro factor a tomar muy en cuenta,
concierne a la intensidad,
siempre cambiante que presentan nuestras exigencias pulsionales,
que se suman a las que provienen de la realidad.
Cada vez que la Censura ,
por alguna razón, disminuye,
las pulsiones hasta ese momento “domeñadas”,
no harán más que renovar,
una y otra vez sus exigencias
intentando procurarse “satisfacciones sustitutivas”.
Un claro ejemplo, sucede cada noche con el soñar,
renovado y tantas veces fallido,
“guardián”
de nuestro dormir.
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