Escrito por Eduardo M Romano el 23 enero, 2015
Sus expresiones, gestos y movimientos,
parecían seguir cierta clase de métrica.
Aún sus entonaciones, pausas y acentos,
cada vez que uno los escuchaba,
parecían estar dictados
por un compás y un ritmo,
que iban más alla de sus intenciones..
..y según decían, mucho tenían que ver
con su forma de ser,
y con el lugar en donde casi siempre
se ubicaba para mirar a las cosas y a los otros.
Como si estuviera utilizando
una métrica particular
para ir marcando las distancias emotivas.
Porque cualquier cercanía afectiva con algún otro,
empezaba inquietándolo y lo ponía de lo más incómodo.
Por eso no se cansaba de usar su métrica inexorable.
Una que supuestamente
lo mantenia bien a resguardo
a resgurado de los otros.
Deja una respuesta