Escrito por Eduardo M Romano el 29 septiembre, 2014
Por supuesto que en términos estrictamente objetivos,
todos sabemos que las horas son horas. Y nada más que eso.
Las hemos enmarcado en estrictos sesenta
segmentados e inexorables minutos.
Pero en lo que hace a nuestras formas de vivirlas,
las cosas son muy distintas.
Porque se las puede sentir de lo más intensas,
con la conciencia plena de que así y de esa forma
, en esta hora que precisa ,
está pasando ahora,
nunca va a volver a darse con el mismo contenido
ni con la misma forma.Aunque vistas de
afuera pueda parecer lo contrario.
Todos hemos vivido esa clase de horas
que pasan volando,
y que cuando nos queremos acordar,
ya no están porque se han ido, y no sabemos por dónde ir a buscarlas.
Claro que también están las horas aburridas y llenas de tedio..
…esas que dan la impresión de que no terminan de transcurrir nunca…
..Están las horas que por más que pase mucho tiempo ,
se las arreglan para seguir permaneciendo
fresas y rozagantes,dentro nuestro…
….casi como si estuvieran sucediendo ahora
y no allá lejos en el tiempo.
Hay que añadir que están las horas dulces y las amargas.
Es notable( se los digo como al margen),
la rapidez con la que a veces transcurren
y unas a veces pueden ser capaces de sustituir a las otras.
También existen una clase de horas ,
que nos resultaría imposible imaginarlas o incluso recordarlas,
sin otros….
…al lado de otras, las horas solitarias, que sólo permiten que
exista un solo protagonista .
Pero me parece que no hay nada que podamos reprocharles,
o exigirles …
…sino más bien prestarles atención, en todo caso,
a esa multitud de cosas y asuntos propios,
que no perdemos la ocasión
de adjudicarles…
…como si fueran malas o buenas , por sí mismas,
las horas.
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