Escrito por Eduardo M Romano el 25 septiembre, 2016
Soñar. Tratándolo al sueño, como si fuera entre banal y ajeno.
Un suceder veloz, que en el día a día,
apenas si merece un poco de nuestra atención.
Soñar produciendo unos sentidos incomprensibles
en la consecuente vigilia,
que por sí misma, nada sabe acerca de cómo encarar el asunto.
Ni que clase de verdades íntimas están puestas en juego.
Envueltos en un sueño.
Conmovidos por la multitud de imágenes y emociones.
que transcurren y se suceden demasiado deprisa.
Fugaces. En apariencia caprichosas. Y sobretodo, alucinadas.
En ocasiones , con un poco de suerte,
apenas si permanecen algunos rastros.
Ecos atenuados de algo que fue cien veces más intenso.
Pero las más de las veces, nuestro impetuoso soñar,
está destinado al olvido.
Algo demasiado poderoso, nada quiere tener que ver
con esos encuentros clandestinos.
…” Y bien ; si ustedes quieren, abandonen el intento,
pero si lo quieren de otro modo, pueden proseguir camino conmigo.
Yo les digo…que es muy probable que el soñante
a pesar de todo,sepa lo que su sueño significa,
sólo que no sabe que lo sabe
y por eso cree que no lo sabe…” (
S. Freud “Conferencias de Introduccion al Psicoanálisis». O.C.)
Deja una respuesta