Escrito por Eduardo M Romano el 5 noviembre, 2015
Son recuerdos fragmentados,
que provienen de la infancia,
y han quedado en nosotros,
desafiando el paso del tiempo.
Algunos son huellas indelebles
de sucesos que han sabido dejar marca
dentro nuestro.
Pero también hay lugar para otros,
“de valor dudoso”y a veces “problemático”,
escribe Freud, que sin embargo,
son los únicos que perduran.
Su fijación en nuestra memoria ,
parece no guardar relación con su “importancia psíquica”.
Así no deja de resultar asombrosa
la capacidad que tenemos para olvidar
lo importante
y recordar lo “aparentemente nimio”.
En este punto, Freud le presta particular atención
a aquellos recuerdos correspondientes al periódo Edípico.
Y aquí resulta sorprendente
que los contenidos de la mayor parte
de estas memorias
correspondan a sucesos cotidianos indiferentes,
que “no pudieron provocar afecto alguno en el niño”
pero que sin embargo permanecieron
“impresos en su memoria con todo detalle”..
…” una mesa dispuesta para la comida…”una ramita
de un árbol durante un paseo..”
Lo que sucede, dice Freud es que de la totalidad de la Escena,
sólo se ha conservado un fragmento.
Y por cierto, no el más importante, sino el anodino.
Precisamente, porque en los elementos “olvidados”,
se escondió “todo aquello digno de ser recordado”…
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