Escrito por Eduardo M Romano el 30 enero, 2016
El mensaje puede salir de nosotros,
on line, seguro, instantáneo,pulido,
fechado,ya archivado
y hasta lleno de adornos.
Pero de ahí
a que cuando le llega a un otro,
se lo pueda interpretar
con las ilusiones y los ensueños
a los que estuvo pegado,
a ésto o aquél otro de los acentos
que le agregamos
implícitos,
como para que no resutara
sencillo notarlos.
Lo mismo puedo decirles
con respecto a cada una de las dudas,
las certezas
y las vacilaciones
que no dejaron de susurrarnos
en el momento de escribirlos…
…Les digo más : las memorias,
los olvidos
y los traspiés que también anduvieron
dándonos vuelta,
dejando tan pocos indicios…
…Y aún esa palabra que pusimos
para que quien pudiera
entenderla
fuera capaz
de cambiarla por otra.
La precisa.
La parecida.
Pero no la misma.
Y a veces,
la contraria,
Créanme que lo enunciado
puede surgir con la mejor
de las intenciones,
y con el ánimo de llegar derechito
e idéntico.
Pero que yo sepa,
eso que va a interpretar
el oído del otro…
..ya es algo muy distinto.
Y garantía,
que yo sepa …
…seguro que no hay ninguna.
Buscando encontré éste texto. Y me pareció maravilloso…la relatividad del que escribe…la relatividad del que lee…suma de subjetividades. Y en el medio, entre el emisor y el receptor, las palabras…