Suposiciones.

Escrito por Eduardo M Romano el 17 noviembre, 2014

 

Suponía.

Con esa clase de seguridad,

que uno nunca sabe bien de dónde

es que le viene.

Porque en el fonde no se trata de algo

más o menos probable.

Pero que uno se empecina en tratarla

como si ya fuera cierta.

Suponía que las cosas se iban a dar

en esa forma exclusiva y en ese modo preciso.

Como ordenadas y respentando la fila.

Todo lo demás,

me refiero a la mínima variante o al incierto corrimiento,

ni se le cruzaba por la cabeza

darles algúna clase de crédito.

O aunque más no fuera,

tomarlos un poco en cuenta,

en el caso hipotético de que los hechos

llegaran a darse de otro modo.

Y no de aquél que ya lo tenía,

veinte veces visto y repasado por dentro.

Cualquier otro desenlace,

aunque sólo se corriera un milímetro,

lo consideraría una especie de escándalo.

Ni que decirles acerca del dolor y la rabia

consiguientes. Que seguro no sabría cómo disimular

ni en dónde ponerlas.

Entonces suponía,

casi enérgico y desaforado

que las cosas (sólo así y de ese modo)

seguro que iban a darse.

Con esa clase de certeza,

que la realidad sabe cómo encargarse.

Llevándolesa puesta y haciéndola volar por el aire.

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