Escrito por Eduardo M Romano el 27 abril, 2014
La soledad se le había ido conformando
con el paso del tiempo,
en algo mucho más decisivo
y contundente que algo circunstancial transitorio,
de los que nadie está excento y
que se deja ver de tanto en tanto.
Para esta persona la soledad había llegado
a instalarse como algo mucho más firme,
y más serio….porque empezó a ganar confianza,
echar raíces y multiplicarse ,
por este lado y por el otro.
No podría decirse que se trataban de estados de ánimo
ni de desencuentros que manejara a sabiendas ni de
modos plenamente concientes…se limitaba a hacer
eso que le iba saliendo en cada momento..
..y las cosas siempre se le iban dando
de tales modos que eso que había empezado como
aproximación,
no terminaba siendo otra cosa que apartamiento…
..y que cualquier asunto que hubiera tenido inicio
con la promesa de algo,
por mínimo que fuera,
no hacía otra cosa que agrandar,
aún más,
esa forma de vacío que sentía por dentro,
y que eran como los preludios de un atolladero
y una especie de laberinto o callejón sin salida…
..que lo empujaban a comprar esta cosa
o a adquiri aquella otra…me refiero a objetos
concretos, artefactos de uso,
con los que enseguida trababa una casi
unión amistosa…así empezaban la confusión
y los dolorosos sentimientos,
en los que terminaba no pudiendo saber
a ciencia cierta,
en qué lugar mucho de lo propio se había ido..
..y cuánta cosa íntima
había pasado a formar parte
ambigua y borrosa,
de ésta o aquella otra cosa.
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