Escrito por Eduardo M Romano el 2 enero, 2015
Entonces empezó a hablar
y decir lo suyo.
Nadie hizo siquiera el amago
de interrumpirlo.
Porque quien más , quien menos,
todos se dieron cuenta que las palabras
le salían ininterrumpidas,
desde el fondo de lo propio.
Había momentos en los que podía trastabillar.
No porque dudara , sino por el vértigo
que tenía para decirlo todo.
Muchos contenidos se mezclaban con algunas formas.
Algunos verbos no correspondían
en la forma más precisa con los modos…
..incluso podía llegar a haber
más de un adjetivo innecesario…
..pero por cierto,había que ser demasiado frío
y muy necio,
como para andar fijándose en detalles como ésos.
Cuando alguien,
después de tanto tiempo,
es capaz de decir lo suyo
desde el fondo de su alma.
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