Escrito por Eduardo M Romano el 12 febrero, 2015
No estaba seguro,
pero sentía que por algún lugar
se le habían ido extraviando
muchos anhelos y deseos propios.
Quizás porque los había tratado
como mandatos imperiosos
o certezas que en el fondo lo llevaban al auto engaño.
Tal vez el excesivo afán
por asuntos demasiado abstractos
que eran de lo más interesantes,
pero que les faltaba
ese enganche imprescindible
con alguna cosa concreta de algo.
El asunto es que no podía dejar de sentir
que muchos de sus motivos singulares
y anhelos propios,
se le habían ido como extraviando,
y le estaba resultando muy difícil
volver a encontrarlos.
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