Escrito por Eduardo M Romano el 19 octubre, 2015
Uno tenía como método,
( si es que se lo puede llamar de ese modo),
comportarse en forma exuberante,
haciendo piruestas sobre sí mismo
y amontonando,
uno sobre otro,
contenidos redundantes.
Era su forma de darse importancia.
Claro que fugaz y de vuelo corto.
En cambio,el estilo y las formas del otro,
marcaban una enorme diferencia.
Porque sentía una genuina inclinación
hacia lo discreto, lo sobrio y lo conciso.
Que no es lo mismo
que anodino, lavado ni insulso.
Simplemente no tenía ninguan necesidad
de hacer malabarismos
ni de forzar piruetas
con su nombre propio,
para concentrar la atención
o despertar convicción
en los otros.
Deja una respuesta