Escrito por Eduardo M Romano el 23 septiembre, 2014
Era una persona de lo más hábil
que uno pueda imaginarse en eso de perder
a cada rato sus ejes propios, ceder protagonismo
e imponerles silencio a sus íntimos marcos de referencia.
Claro que no lo hacía en formas abruptas
ni llamando la atención de nadie.
Empezando por él mismo.
Porque lo suyo nada tenía que ver con cortes visibles,
ni voces altisonantes…Más bien las cosas se iban sucediendo
en términos de simetrías,
pequeñas pero constantes ,
que involucraban al mundo interno que tenía por delante.
Pequeños pasos que iba dando.
Más allá de su conciencia.
Eran episodios por entregas y
deslizamientos minúsculos.
En eso consistía su forma
tan personal de perderse.
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