Escrito por Eduardo M Romano el 18 septiembre, 2014
Ese día estaba decidido a no seguir esa a la que llamaba,
la mala costumbre de irse por las ramas,
tomando como referencias a los hechos más lejanos,
y a manera de nudos de la cuestión
a los asuntos anónimos y del todo abstractos.
Se refería a esa clase de cosas a las que a él
y a ninguna otra persona,
quiero decir, así, común y corriente,
como nosotros,
podría llegar a despertarle la más mínima gana
de sentir empatía o identificarse con ese fragmento
o aquella otra parte de la trama…
…Bueno, pero decía que él se daba cuenta
que precisamente eso,
lo que no tenía que pasar,
a él no dejaba de ocurrirle,
por más fuerza de voluntad que pusiera.
Y que cuando se quería acordar,
ya era tarde…
Porque a pesar de lo que se había
repetido a sí mismo ypropuesto
en un principio…
… al rumbo otra vez había perdido ..
..y nuevamente se veía,
dando vueltas y más vueltas
en torno de asuntos extravagantes,
ambiguos. Que no hacían otra cosa
que enredarlo en hipótesis antojadizas
y llenas de trampa.
Deja una respuesta