Escrito por Eduardo M Romano el 27 agosto, 2016
No había nada que hacerle.
Por más empeño que pusiera,
no podía recordar ese nombre.
Más esfuerzo que el que estaba haciendo
era del todo inútil
pedirle.
Porque toda su atención estaba puesta
en ello.
A ese nombre no sólo lo tenía visto,
sino que sabía que en algún lugar,
lo tenía de lo más aferrado dentro suyo.
Por eso le resultaba tan extraño,
que justo ahora,
no le viniera , como siempre, a la mente.
Como quien pasea distraído y aún así ,
llega a destino,
sin tener que acordarse,en qué punto doblar
y por qué otro
seguir derecho.
Es que había tantos otros sentidos
que se le habían apegado.
A ese nombre,humilde y sencillo
que si fuera por sí mismo,
sería incapaz de perturbar a nadie.
Algo entre borroso y ambiguo,
le hacía sentir
cierta clase de decepción o desengaño,
tenían que ver en el asunto.
Como sosteniendo el espacio en blanco
en lugar de ese nombre
ahora esquivo.
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