Escrito por Eduardo M Romano el 25 abril, 2017
Están ancladas en lo Inconsciente
y no saben nada
acerca de fechas convenientes,buenos modales,
cortesías ni de horas oportunas.
Algunas de estas memorias son leves.
Van y vienen dentro nuestro
y casi como que no parecen dejar rastro.
Casi siempre se disfrazan de anodinas
y antes de irse , se ocupan de borrar sus rastros.
Pero existen en cada uno de nosotros,
otra clase de memorias.
Son las que manejan como pocos
el arte de la tempestad,
la pasión y la furia.
Estas sí que nos hacen sentir su presencia.
Porque nos hacen temblar por fuera y por dentro.
Incluso , hasta son capaces de confundirnos
borrando por un momento
la frontera entre lo externo y lo propio.
Y ni les cuento acerca de cómo se las arreglan para mezclar
lo superficial con lo profundo.
Aparecen de pronto.
Porque su estrategia consiste
en la más estricta sorpresa.
Van y vienen a su antojo
y como les venga en gana.
Sus empujes no saben de claudicación
ni reconocen dueño.
Algunas , creánme que meten miedo
Y uno quisiera tenerlas lo más lejos posible.
Pero existen otras
que uno tiene la sensación
de que nos abandonan demasiado pronto.
Justo cuando comienzan
a cobrar sentido,
ciertas cosas
que parecían no tenerlo.
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