Escrito por Eduardo M Romano el 1 mayo, 2017
Sólo a veces,
que a decir verdad, resultaban ser las menos,
podía tomar cierta clase de perspectiva
y adquirir un semblante
capaz de atenuar,por un rato,
a esa Nada
que la dejaba cada vez más expuesta.
Cada vez más a la intemperie y en riesgo.
Pero lo que se dice la perspectiva, la mirada,
la atenuación y el semblante,
no los encontraba por ninguna parte.
Entonces la Angustia,
(que siempre había estado oculta detrás de la escena),
aparecía inapelable,escasa de maquillaje
y sin vueltas.
Créanme que asustaba el sólo hecho
de intuir su presencia.
Y ni les cuento lo que significaba
cuando ya no había nada que hacer
y se la tenía enfrente.
Por suerte esto no ocurría todo el tiempo,
sino en presentes esporádicos,
que sin embargo ,a ella le parecían eternos.
Imposibles de olvidar,
Y mucho menos
intentar fingir
que no había pasado nada.
Deja una respuesta