Escrito por Eduardo M Romano el 7 mayo, 2017
Decía que se las había ingeniado,
para que no fuera
novedad , para él ni para nadie,
el hecho de que su vida circulara,
la mayor parte del tiempo,
por andariveles y mesetas de lo más predecibles.
Como si estuvieran
formando hileras bien prolijas,
unas delante de la otras.
Tanto, que daban ganas de felicitarlo,
por el mérito de todos esos equilibrios, razones lógicas
y argumentos aburridamente oportunos
que nunca olvidaba llevar consigo.
Sin embargo, si uno enfocaba
un poco mejor la mirada
y ponía más cercana y sutil a la escucha,
créanme que las cosas parecían,
muy distintas.
Y hasta tomaban relieve ciertos semblantes y reiteraciones
antes inadvertidos
Unos que a medida que se les iba pescando la vuelta…
…dejaban entrever todo lo contrario.
Como si algo furioso e insabido
se las arreglara para abrirse paso a su modo.
Una y otra vez,
para contradecirlo.
Un especie de mentís pasajero,
del que sólo llegaban
noticias deformadas y sentimientos borrosos.
Lo más parecido a una invasión fugaz y repentina.
De ésas que a nadie se le cruza por la cabeza, invitarlas.
Porque son capaces de dar vuelta
y poner patas para arriba,
muchas de nuestras armonías instaladas
y no pocos
de nuestros más cuidados
equilibrios simétricos.
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