Escrito por Eduardo M Romano el 13 mayo, 2017
No conocía otra cosa.
Quiero decir,
pensaba y sentía que esa forma de vivir
era la única y la más natural del mundo.
De modo que en los presentes cotidianos,
cada una de sus formas de andar,desenvolverse,
responder ,darse por aludido, sensibilizarse,
empezar, continuar o dar por concluído…
…parecían responder a un ingenioso mecanismo inconsciente
que mezclaba en distintas proporciones,
angustia, deleite y padecimiento.
Derechito nomás y sin vueltas.
Como si eso ,mecánico,
que se le habían instalado como consabido por dentro,
fuera algo de lo más familiar y natural del mundo.
A poco de andar, afinando el ojo y ajustando el la oreja,
uno podía encontrarse , entreveradas, varias cosas distintas :
curiosas simetrías, espejos invertidos,
nombres propios
y supuestas equivalencias
que a simple vista,
nada aparentaban tener que ver
unas con otras.
Sin embargo,en el medio de esta mezcolanza,
siempre decía «presente » , su elenco interno de personajes estables.
Que se iban alternando en su oficio
de jugar escenas, acicatear sentimientos,
e insinuar premoniciones…
…para ir arrimándolo,
como quien no quiere la cosa,
a esos preludios ,
que más que miedo metían espanto.
Entonces sin saber, repetía.
Empezando, por ejemplo,
a echarle mano a esas premisas,
que iban a enganchar , casi seguro,
con todo eso otro que iba en el medio…
….para finalmente
pegar la vuelta
y volver a lo mismo.
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