Escrito por Eduardo M Romano el 4 octubre, 2014
Le resultaba demasiado duro enfrentar esa clase
de desplantes, sinsabores,destratos y desencuentros,
de los que ninguno de nosotros puede vanagloriarse
de estar a salvo o excento.
Porque créanme que pueden estar agazapados,
esperándonos a la vuelta de la esquina,
para aparcer en cualquier ocasión que quieran.
Entonces, como les estaba diciendo,
a esta persona, los crudos abandonos, los amargos destratos
los súbitos abandonos y los inesperados sinsabores,
todo hacía suponer
y hasta parecía,
que la vida de había como empecinado
en que le fueran apareciendo unos atrás del otro.
Quiero decir,en una especie de llamativo encadenamiento
casi contiinuo y recurrente.
Tanto,que uno terminaba haciéndose la pregunta…
…Se trataba siempre de pura casualidad, indudable desdicha
y mala fortuna ?
O si acaso,en más de una ocasión,
alguna parte propia, íntima e insabida..
de la que aún no tenía la menor idea ni el mínimo registro…
…no hacía más que patearle en contra,
y no dejar de convocar a todas esas desdichas,
una atrás de la otra,
puntualmente y formando fila.
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