Mientras apuraba una cara de circunstancia.

Escrito por Eduardo M Romano el 2 junio, 2015

 

Las ideas que parecía tener con respecto

a la otra gente

se las podía ubicar

en un abanico que iba desde lo desaprensivo

hasta lo disperso e incnosistente

. Pasando entremedio por sus

inefables destratos,

y esas inoportunos tomas de distancia,

cuyo único objetivo,

no parecía ser otro

que el de salvar la propia ropa,

mientras apuraba una cara se circunstancia

ante los asuntos que podían llegar a pasarle a los otros

Esto  que les digo

iba más o menos junto

y tomado en su conjunto,

parecía envolverlo

en un halo de inaccesible

y misteriosa lejanía.

En el que parecía vivir la vida

como si se tratara de una  inercia auto suficiente.

En la que los roles secundarios

y la obvia admiración

por todos sus asuntos fantásticos,

les correspondían a los otros.

Y si a uno se le ocurría pescarle un minimo

de empatía con alguien…

…no había nada que hacerle.

Porque por más buena voluntad

que uno le metiera al asunto…

…la sensación que quedaba

terminaba siendo la misma.

Un sentimiento de vaguedad mezclada con una lejanía extraña.

Podría decirse que hasta de intromisión,

y de más o menos sutil abuso de confianza.

En la que uno podía ver  cómo los otros

eran tratados como cosas…

…Y cuando  quería  uno acordarse,

lo más seguro

era que ya formara  parte de la hilera.

Y con número puesto.

 

 

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