Escrito por Eduardo M Romano el 31 mayo, 2015
Decían que en el fondo,
era una persona de lo más sensible y bondadosa
Claro, que había que excavar un largo rato
para poder darse cuenta.
Porque la expresividad no era
precisamente su fuerte.
El asunto es que la parquedad ,
desde el mismo principio
y la introversión ( más o menos continua)
que en general le iba siguiendo…
eran lo más espontáneo
y con gusto a propio
,que le iban saliendo.
Entonces,
cuando uno quería acordarse,
entré él y todos los otros,
ya se había instalado
esa muralla.
Invisible. Tan infranqueable como extraña.
Que irradiaba la impresión,
de que los asuntos que rozaban a otra gente.
no le importaban para nada…
…y aún que le daba lo mismo,
de tanto gris que adquiría su semblante…
que le daba lo mismo
pasar por estas circunstancias
o por cualesquiera otras..
No era su caso.
Pero parecía.
El problema consistía
en que los asuntos ligados
a la pasión,al decir y al empuje…
más aparecían la errancia, la confusión y
el extravío…
Y a medida que balbuceaba una molesta torpeza
o alguno que otro equívoco…
la mirada exploraba de un lado al otro.
Cosa de pasar desapercibido…
…mientras salía corriendo.
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