Escrito por Eduardo M Romano el 14 noviembre, 2014
Se lo había repetido una y otra vez
para sus adentros. Como se acostumbra hacer
con esa clase de obligaciones que,
uno trata de imponerse,
a contramano de lo que siente.
Cuando estaba solo ,
se lo había perjurado veinte veces,
y otras treinta seguía prometiendo a sí mismo….
…que por su propio bien
era mejor olvidarse por completo…darlo
por errado para siempre al asunto…además de poner
los pies en polvareda,
para salirse lo más pronto posible,
por su bien propio,
de esa trama más que complicada
en la que estaba metido.
Claro , esto se lo decía laRrazón…y cualquiera
que pasara cerca,
no podía menos que asentir con la cabeza.
Pero los Sentimientos,
estaban ahí nomás, bien cerquita.
Como suelen estar todo el tiempo,
contiguos y coexistentes.
Entonces comenzaron a hacerse escuchar los fragmentos
de otras cosas bien distintas…
..las oposiciones dejaron de ser inequívocas
y tajantes,
y empezaron a mostrar dobleces y segmentos impropios.
…Ni qué decirles acerca de los efectos…
…porque había que ser adivino ,
para llegar a discernirlos, en forma clara,
y establecer qué vino depués y qué primero.…
…Me refiero,
en el fondo, a cuando es el Sentir y no la Coherencia,
la que se planta ,
y toma la palabra.
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