Escrito por Eduardo M Romano el 5 febrero, 2015
Proponía (es sólo una forma de decirlo,
porque no lo hacía de un modo consciente),
una clase de proximidad afectiva
que a poco de andar,
ya dejaba ver una falla
atrás de la otra.
Hasta que en algún momento,
a la ilusión y al deseo,
se los veía detenerse sin vueltas.
Como si hubieran perdido
casi todo el fuego y la mayor parte del empuje.
Entonces esa persona a quien le tocaba
estar enfrente,
terminaba por darse cuenta,
(casi siempre demasiado tarde)..
…que al fin de cuentas,
se había tratado de una mezcla de frases huecas
y motivos de vuelo corto…
..Eso que al principio parecía
apego cierto
y tenía el rostro
de compromiso profundo.
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