Escrito por Eduardo M Romano el 4 enero, 2014
A una cosa de lo más trivial, infofensiva o insignficante,
ella no tardaba en llenarla de angustia.,
y encima añadirle como una especie de broche,
un toque de misterio.
Esto que les digo, ya resultaba más que suficiente,
dentro suyo,
para que diera comienzo, la interminable procesion de marchas , contramarchas, precauciones supuestas y medidas precautorioas que ella desataba por dentro.
Unas cosas, que eran de lo mas estrafalarias.
Así se la pasaba, sin tener conciencia de ello,
ni poder manejarlo a su antojo, porque era algo que escapaba
a su dominio razonable,
buena parte de su energía y de su tiempo.
Entonces, ese asuntode lo más irrelevante, le exigía
colocarse en un estado de alerta contínuo….
…que la obligaba por ejemplo, a doriir cerrando un solo ojo,
poruqe el otro, debía permanecer por las dudas, abierto….
…y ese otro encuentro fortutito paraella de casual,
no tenía nada. Porque era poco menos que premonitorio
de algo horriblequeestabaalacecho….
yniquédeicrlesdeaquélotro lugar tan lindo y abierto,
que para los demás podía ser la ocasión
de ponerse a explorar unas cosas
que podrían encerrar
mucho de seductor y atractivo….bueno, para ella no eran seguro
nada de eso, sino el pre anuncio de unos oscuros presagios.
Ante los cuales,
no cabía otra cosa,
que multiplicar sus justificadas medidas preventivas.
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