Escrito por Eduardo M Romano el 5 julio, 2015
Se definía a sí mismo,
como una persona empírica y pragmática,
desde los pies a la cabeza.
Decía que a él no le vinieran con devaneos,
asuntos demasiado abstractos o inaccesibles
en el tiempo…
..llenas de fantasías e ilusiones.
Si por él fuera,
apostaba siempre a lo concreto.
A eso que se ve y se toca.
Y sobre todo (esto lo subrayaba en cada
oportunidad que podía)…que fuera algo útil
y sirviera para un resultado objetivo y palpable.
Esto que les digo,corría no sólo
para su mundo de afuera y sus relaciones
con los otros.
También lo aplicaba en el modo más estricto,
a su vida propia.
Por ejemplo,si quería recordar algo,
sólo se permitía ir al núcleo del asunto,
derechito y sin vueltas.
Esto para él quería decir,
sin lugar para sentimentalismos que juzgaba pueriles
ni evocaciones emotivas
a las que consideraba una pura pérdida de tiempo,
en su tan idealizado “ir para adelante”.
Que no dejaba espacio ni tiempo para los giros,
las medias vueltas ni los retornos.
Pero el asunto es que igual se aparecen sin necesidad de llamarlos,
y son bien capaces de cambiarnos más de un eje propio,
poniendo patas para arriba,
ésta o aquélla otra certeza,
tenida como incuestionable y segura…
..de tan pragmática, empírica y concreta.
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