Nada que ver con encajes recíprocos ni complementos perfectos.

Escrito por Eduardo M Romano el 4 julio, 2015

 

Conocían de sobra

sus verdades  genuinas.

y sus puntos más flojos.

Se daban cuenta de sus diferencias,

tanto como de sus como de sus

inconsistencias y bordes endebles.

También tenían conciencia acerca de sus líneas de fuga,

intercaladas al descuido.

Sabían construir sus ilusiones y sus ensueños.

A veces con los pies en la tierra

y otras , no tanto.

Conocían de sobra,

sin tener necesidad de decirlo todo el tiempo,

que podían contar uno con el otro,

si aparecía el desvelo y arremetía el desánimo.

Habían hecho el pacto implícito

de no caer en la facilidad de idealizarse

uno al otro.

Para ella y para él, quererse no tenía nada que ver

con encajes recíprocos ni complementos perfectos.

Y que existen esa clase de momentos

en los que es preciso

afrontar lo incierto

sin instrucciones ni protocolos previos.

Para ellos estar juntos

era mucho más

que andar forzando sinónimos

y reciprocidades perfectas…

.. y mucho menos

sostener la pretensión

de ser la mitad que falta

o el espejo que refleja,

eso que falta en el otro.

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