Escrito por Eduardo M Romano el 2 julio, 2015
Se trataba de una persona
demasiado sensible
a los modos en que la trataban los otros.
Prestaba mucha atención y estaba de lo más atenta
a cada detalle.
El más leve indicio de descontento imaginado
en el rostro del que tenía enfrente..
…el ínfimo detalle ( que obviamente, daba por seguro),
de que no se estaba valorando
en su justa y bien ganada medida lo suyo…
..desencadenaban las habituales explosiones afectivas
y los reclamos llenos de ira.
Uno primero sentía sorpresa
y desconcierto,
por lo fuera de lugar y exagerado
de esas reacciones.
Pero si se le ocurría ponerlo en palabras,
para hablar y dejar un poco más claras las cosas..
..en principio,
parecía servir de muy poco.
Porque enseguida interrumpía,
y tomaba cada cosa que se había dicho,
como una nueva muestra
de egoísmo, incomprensión y antipatia.
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