Escrito por Eduardo M Romano el 26 julio, 2015
A veces daba toda la impresión
de ser dos personas en una.
Aunque todos supiéramos que era la misma.
Pero era necesario estar de lo más atentos
para poder seguirle el rastro
tanto a a sus vínculos de superficie
como a sus compromisos efímeros.
De a ratos, podía comportarse como
una persona de lo más atractiva y simpática.
Capaz de atraer las miradas
y ocupar sin mayor complicación
el centro de cada escena.
Claro que el humor, el semblante
y el interés afectivo por los otros,
eran complicados asuntos
que podían llegar a ser de lo más
inestables y cambiantes.
Simultáneamente ,
la sensación de aprobación de hoy en día,
podía transformarse ,
sin aviso previo,
en el profundo sentimiento
de rechazo que
más pronto que tarde,
seguro que iba a presentársele un poco más adelante.
Aunque por afuera,
todo parecía
seguir siendo lo mismo.
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