Escrito por Eduardo M Romano el 13 julio, 2015
Le interesaba su forma de ver y pensar las cosas.
También le atraía la belleza y la armonía de
su cuerpo y la mayor parte de sus posturas.
Le gustaba detenerse en sus silencios,
sus acentos y sus inflexiones.
Y sentir cuando respiraban cerca.
Ella y él conocían sus respectivas consistencias
y puntos flojos.
Igual que una que otra de sus endebleces e imprevistas
líneas de fuga, que a los dos se les intercalaban
como al descuido.
Sabían construir juntos las ilusiones y los ensueños
que siempre hacen tanta falta.
Pero como no eran ingenuos,
se dieron tiempo
para hacer el pacto implícito.
de no caer en la tentación de idealizarse
más de la cuenta..
..ni presionar al otro,
de una u otra forma,
para tratar de convertirlo
en esa parte simetrica
que casualmente,
siempre le anda faltando a uno.
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