Escrito por Eduardo M Romano el 15 julio, 2015
Me acuerdo que aquel dìa me dijo
que habìa tenido tiempo
(seguro que se referìa al interno),
para echarle un vistazo a parte de su vida.
Remontàndose hasta donde pudiera.
Asì empezaron a volverle,( a veces a la razòn
y otras sólo en lo que respecta al sentimiento),
extensas mesetas, pasadizos estrechos y bordes
que de sòlo mirarlos ,
metìan miedo.
Me dijo que tambièn pudo reconocer ciertos comienzos
que en principio parecìan no tener
el sentido
ni el aliento suficiente
como para llegar a un destino seguro…
…y que sin embargo terminaron resultando
el fundamento de asuntos de lo màs entrañables.
Ahora podìa darse cuenta,
( porque antes no le habìa resultado posible),
que tambièn habìan sido muchas
las ocasiones
en las que habìa contado con suficientes
preanuncios e indicios
para poder darse cuenta
y tal vez ganar , con suerte,
un poco de tiempo
como para estar mejor preparado
y ahorrarse màs de un encontronazo.
…Pero agregó , que para ser sincero,
era preciso tomar en cuenta
algunas otras circunstancias.
Esas sì que lo tomaron
con la guardia baja y completamente desprevenido!
En ocasiones ,la sorpresa resultò ser buena.
Y hasta tuvo el sentimiento de haber acertado
sin renunciar a lo suyo….
…Pero hubo otras
en las que no tuvo que esperar demasiado
para darse cuenta…
…que se habìa equivocado feo
y de lo lindo.
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