Escrito por Eduardo M Romano el 3 junio, 2016
Sabia de sobra,por si hiciera falta aclararlo
que él estaba en este mundo y no en otro.
Pero eso no impedía
que le diera consistencia y cierta clase de convicción
a esos fantaseos.
Algo le hacía intuir que merecían algo de crédito y escucha.
Ocurrían de tanto en tanto,
sin que ello significara
romper lazos con el mundo.
Sucedía que una realidad íntima
siempre al acecho,
se le adelantaba,
aprovechando algún descuido.
E iba tomando altura, como en un juego.
Entonces,fugazmente,
en algún
lugar se la daba por cierta.
Sin forzar las cosas ni gastar tiempo
en buscarle
unas estrictas coincidencias con los hechos.
Son asuntos entrañables,
que a veces despiertan.
Y nos exigen cuidado y cautela.
Porque
no se perdona el error
de querer compartirlos
con quienes son incapaces de correrse
sólo un poquito de lo estricto…
para darles cabida
escucharlos.
y permitirles,
que a su modo,
sigan volando
Del blog del autor.
Deja una respuesta