Escrito por Eduardo M Romano el 9 junio, 2016
Cada vez que está uno metido
en alguna clase de situación vivida como conmocionante
-por más que vista desde afuera pueda no parecerlo-,
existen ocasiones en las que nuestro yo
se comporta de un modo por demás curioso.
Que termina resultando naturalizado por el sentido común
y el arrastre de ciertas inercias cotidianas.
El conflicto puede provenir, por ejemplo,
del antagonismo entre un intenso Deseo
y la prohibición o imposibilidad -externa o interna-
de cumplirlo.
La opción parecería , a primera vista, ser bastante clara …
…O se decide uno a dar rienda suelta al anhelo,
o bien se toma el camino contrario, acatando la prohibición
que se interpone.
Pero , en los hechos,dice Freud,sucede con mucha frecuencia
que se sigue una curiosa , y por decir así,
«ingeniosa» salida…
…que consiste en responder al dilema con dos reacciones
opuestas simultáneas. Ambas eficaces.
Una parte de nuestro yo rechaza la Realidad
y rehúsa aceptar la prohibición.
Pero ,simultáneamente,
se la acata , mostrándole » el debido respeto «.
Con lo cual, el conflicto no resulta elaborado
sino,de manera inconsciente,postergado en el tiempo,
«a costa de un desgarrón del yo «…
…que tarde o temprano,
cuando llegue el momento,
no dudará en exigirnos el pago
por esta maniobra ,
dilatoria.
Deja una respuesta