Escrito por Eduardo M Romano el 12 junio, 2016
Las relaciones que establecía
con los otros
podían dividirse
claramente en dos tiempos.
Uno,el primero,
en que todo parecía marchar
a las mil maravillas.
Quiero decir,desbordante de acuerdos, enfoques compartidos,
consensos y felicitaciones mutuas.
Casi una pinturita
a la que daba gusto seguirla…
…si no fuera porque ,
poco más tarde,
se imponía un tiempo segundo.
Marcado por las dudas interminables,
los preanuncios sombríos
y las sospechas sin fundamento.
Que sin embargo,
algo dentro de sí,
no podía dejar de darlas por ciertas.
Como si por éste o aquél otro costado,
(pero siempre teniendolo como protagonista)…
…vaya a saber uno,
cuántas deslealtades futuras,
ofensas gratuitas e intenciones segundas,
se estaban escondiendo.
Deja una respuesta