Escrito por Eduardo M Romano el 25 enero, 2015
La mayor parte del tiempo
estaba demasiado atento
a la mirada y opinión de los otros.
Pero en esta ocasión,
no tenía idea acerca de si los demás,
se daban o no cuenta
de lo que le pasaba y estaba sintiendo.
Esa vez le importó muy poco.
Porque intuía que esa era la oportunidad esperada.
La mejor dentro de todas las posibles.
Era lo que sentía.
De modo que soltó las amarras
y empezó a moverse
en busca de eso propio
que ya había dado por perdido.
Pero claro,
esta vez,sin esperar el permiso unánime
ni el visto bueno de todos.
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