Escrito por Eduardo M Romano el 2 noviembre, 2014
Créanme que daba gusto el solo hecho de escucharlo.
Porque estaba lleno de proyectos,
que al oírlos
uno no podía menos que entusiasmarse de lo lindo.
Porque era de esa clase de gente
que sabe manejar el difícil arte
de articular la fantasías con las realidades
que tienen enfrente.
El problema era cuando aparecían las dificultades primeras.
Esas que a quien más o a quien menos,
se nos presentan casi como que sin falta,
en algún momento a todos , el panorama daba un giro abrupto.
Podía tratarse de cualquier asunto menor
o circunstancia esquiva.
Que no tardaba mucho en despertarle
trabazones y frenos íntimos.
Esos que al principio ,
ni se le notaban.
Entonces era cosa segura que cuando asomaba el
primer obstáculo, el entusiasmo que había logrado
contagiar a tantos otros
empezaba a decaer profundo…
…cosa que ya con la dificultad segunda
y con aquel otro impedimento tercero…
…la convicción y las ganas,
por algún lado…
(vaya a sabe uno cuál)…se le habían perdido.
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