Escrito por Eduardo M Romano el 17 diciembre, 2014
Cuando irrumpían esa clase de momentos,
sus estados de ánimo podían llegar a extenderse
en un rango variado e intenso.
Eso sí, tenían en común
la curiosa condición
de ser uno peor que el otro.
No preciso que aparecieran todos juntos.
Porque bastaba con un mal presagio,
o algún indicio, que en general
pasaba desapercibido para la otra gente…
..pero en él disparaban
toda una cadena de reacciones.
Que una vez que se ponían en marcha,
daba la impresión que no había
quien pudiera frenarlas.
En esos momentos
nada parecía quedar a salvo.
Cada lugar se había vuelto peligroso,
y convocaba sus estados de alerta..
Cosa que no hacía más que terminar de convercerlo,
de que todo tiempo pasado
había sido mejor que el presente.
Ese con el que se topaba una y otra vez,
sin poder encontrarle la vuelta.
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