Escrito por Eduardo M Romano el 26 octubre, 2014
Esa noche tenía como destino,
ser una sola y nada más.
Esto podráproducir nostalgia,pena, dolor
y hasta esa clase de rebeldía que a uno lo recorre por dentro.
Pero lo cierto e inexorable
era que esa noche iba a ser sólo una.
Imperativa , sin lugar para la excusa
ni tiempo para lamentar
por qué fue que transcurrió tan veloz .
Una sola fue y será aquella noche en el tiempo.
Y seguro que va a quedar expuesta
a las lagunas y los recortes que tiene por
costumbre introducir la memoria.
Puede que duela y hasta tenga cierta resonancia
propia de lo que se siente inapelable pero no del todo justo.
Como quiera que sea, esto no importa.
Porque iba a ser una sola.
Sin volver a repetirse nunca…
…y adquirir esa extraña paradoja
de perdurar para siempre,
de algún modo,
en nosotros.
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