Escrito por Eduardo M Romano el 29 octubre, 2014
Decía que la quería,porque cada vez que había hecho falta,
él había estado presente.
Se refería a las situaciones límite,
ésas en las que uno corre riesgo porque
uno mismo, las cirucnstancias,
o las dos al mismo tiempo,
se encuentran cerca de un límite.
Bueno, en esos momento, él no dejaba de recordarle
que había estado siempre firme, junto a ella.
De eso no había duda.
Pero la suya era una presencia que contenía a su modo…
..poco expresiva en lo que respecta a las emociones..con las
sonrisas que parecían contadas y los abrazos casi nulos.
De modo que era una clase de cercanía que se circunscribía
a los momentos más difíciles , y a las situaciones
que tiraban a críticas.
Era esa clase de vínculos, sin dudas austero en lo que respecta
a poder mostrar y decirlos a las emociones y a los afectos.
Pero la mayor parte de las veces,
el problema no estaba en lo urgente
ni en la emergencia…sino más bien en lo común y corriente
del día a día.
Me refiero a esas ocasiones en las que no hay riesgo visible, situación limite,
ni inminencia alguna de peligro ni de espanto.
Ahí, la cosa cambiaba, por otra clase de escenario,
dominado por el reclamo y el reproche contínuos, por cualquier
cosa minúscula… o bien el clima tenso que se volvia insufrible,
por esa otra circunstancia que había sido del todo fortuita…
..o el corte de rostro por aquella otra
acción( que estaba claro según
su particular visión del asunto),
que tenía que haber sido hecha de un modo distinto,
y no de ese otro tan errado…A esto habría que agregarle la crítica
por ese comentario inoportuno… sumado al costado impropio que tuvo esa
insinuación o aquel gesto…la lista era interminable
y tan asfixiante como la seguidilla de cosas y asuntos que
transcurrían entre una emergencia
y la aparición de alguna otra.
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