Escrito por Eduardo M Romano el 31 marzo, 2015
Intercambiaban frases banales
y gestos de compromiso.
Compartían el propósito
de dejar pasar las horas.
Porque el tiempo que les concernía,
estaban seguros,
que allí, precisamente no estaba.
Como si los que realmente importaran,
no fueran los que estaban transcurriendo,
sino otros.
Hetéreos, ambiguos,
idealizados o presupuestos.
Unos que estaban inmóviles,
vaya a saber dónde.
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