Escrito por Eduardo M Romano el 12 julio, 2016
Resultaba imposible establecer
con certeza,
un límite preciso.
Pero lo cierto es que,
desordenados,
mezclando lugares
y apurando tiempos,
se le aparecían, imponiéndose,
ciertos personajes
y no otros cualesquiera.
A medida que hablaba,
iban entrando en Escena.
Estaban ésos, los consabidos,
que sabían traerle la calma.
Pero casi siempre al precio
de convocar a otros.
Que nadie había invitado.
Pero que ahí estaban.
Sentados a la mesa.
Cómodos.
Como en familia.
Planteando las dudas y los enigmas.
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