Escrito por Eduardo M Romano el 20 marzo, 2016
Se pasaba el día,
enredada en una cantidad
de presupuestos,
cuyo común denominador
era el mal presagio
y su destino no podía ser otro,
que el mal augurio.
Porque, según su forma de sentir
y vivir sus asuntos y sus cosas,
si por una de esas casualidades
no pasaba esto tan temido…
..seguro que iba a ocurrirle
aquello otro…
Que créanme que metía miedo
de sólo pensarlo.
Deja una respuesta