Escrito por Eduardo M Romano el 7 junio, 2015
Conocía a la perfección cada parte
del terreno.
Porque con el correr del tiempo
y de sus búsquedas,
era mucho lo que había aprendido
acerca de los límites, las fronteras
las superficies y los bordes.
Sabía exactamente de qué índole
trataban todas esas cuestiones.
Créanme que podía distinguir
a vuelo de pájaro,
en qué lugares estaban
las líneas de fuga, las oscilaciones
y los remolinos.
En dónde anclaban las mesetas
y en qué lugares los desfiladeros.
Pero ese día me dijo que
todo le resultaba distinto.
Algo así como que había comenzado
(sin saber del todo los por qué ni los cómo),
…a tomar ciertas distancias
de muchas de sus topologías exactas..
…de muchos de sus senderos precisos,
y de buena parte de sus rectas indudables.
Agregó que sentía una mezcla
de intriga, curiosidad y desvelo,
por esa clase de giros,
que pueden cambiar
tantos sentidos entrañables…
…trasladándonos
hacia éste
o aquel otro lado
del tiempo.
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